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miércoles, marzo 05, 2008

Musaeum hermeticum


En este famoso grabado que introduce la tercera parte del Opus medico-chymicum de Johann Daniel Mylius, y que también se utilizó en el Musaeum hermeticum, aparece escrito, a modo de referencia, el texto de la Tabla de Esmeralda en la parte inferior de la imagen. Se trata de un grabado apaisado, a doble página en las ediciones de la época, y en el que se conjugan los rayos de la luz de la gracia con los elementos de la luz de la naturaleza. La presencia de las tres personas de la Trinidad en la parte superior del dibujo alude a la primera. La parte inferior se ordena a partir de una simetría entre la derecha y la izquierda: a la derecha se representa lo masculino, el sol, el león, etc., todo ello iluminado por la luz diurna. La parte izquierda ocurre en la oscuridad o noche y en ella se representa lo femenino, la luna, el ciervo, etc. Ambas partes se unen en el centro, en una montaña que asciende, o sublima, la creación de la naturaleza hasta encontrar la luz de la gracia.


sábado, diciembre 15, 2007

Lo demoníaco en el arte. Su significado filosófico.


Enrico Castelli.
Lo demoníaco en el arte. Su significado filosófico.
Siruela, Madrid, 2007.


Fragmento de comentarios de láminas: Jerónimo Bosco (1450-1516), Tentaciones de san Antonio — Museo de Lisboa (pp. 132-133).

"En la escena central del impresionante tríptico de la tentación de lo horrendo se celebra una misa negra. La sacerdotisa y dos ayudantes dan la comunión a unos bufones. El primer comulgante, de rostro porcino, lle­va en la cabeza un búho (es por lo tanto un sacerdote del ídolo Baal). En las mitras de los oficiantes, se entrelazan víboras enroscadas y zarzas, de modo que el vino ofrecido es veneno de serpientes (porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los campos de Gomorra; las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, racimos muy amargos tienen. Veneno de serpientes es su vino, y pon­zoña cruel de áspides, Deuteronomio 32, 32-33). En el plato redondo pre­sentado por una negra, una rana levanta un huevo, símbolo de la genera­ción insana. El santo, absorto, vuelve la cabeza para no ver. Sólo la cruz es real. No lejos del eremita, un brujo con la varita mágica. Al fondo de la visión demoníaca, en el horizonte, relumbra el incendio.
En la parte inferior: una embarcación que acaba en pez. Es guiada por demonios simiescos; arrastra animales acuáticos impuros (la pesca del diablo).
En la tabla de la izquierda del tríptico: san Antonio, desvanecido, es trasportado en brazos por dos monjes y un laico (el rostro del laico repro­duce los rasgos del Bosco) por un puente de madera. Sensación de mar­cha fatigosa; algo abrumador ha sucedido. Debajo del puente, dos demo­nios animalescos y la caricatura de un monje leyendo. A escasa distancia, otro demonio-pájaro que lleva sujeto al pico un papel con la inscripción «gordo». Según Combe (H. Bosch, Tisné, París 1946), clara alusión al co­mercio de indulgencias, al derecho adquirido a engordar y al eclesiástico corrupto que engorda con el dinero ilícito.
En la tabla de la derecha, la escena del árbol hueco: el demonio-sapo recoge en una copa el líquido mágico que vierte otro demonio de rostro femenino. ¿Tentación del ilícito experimento alquímico del homunculus? Parece que sí, ya que el viejo-niño se mueve fatigosa­mente sin ser visto por el santo; es el inmundo fruto de la gran tentación. En la parte inferior: la mesa mágica. En la mesa, un vaso de Hermes del que sale un pie de puerco. También uno de los demonios que sostie­nen la mesa tiene un pie metido en un vaso de Hermes. Una cabeza-vientre lleva un cuchillo clavado en el ombligo. Un sombrero rojo la cu­bre a medias, dejando al descubierto la oreja y una cola negra que se retuerce como una serpiente. Es la oreja que sólo oye el estímulo ínfimo. La mesa mágica no genera más que monstruos, y la tentación de la gene­ración contranatura es el triste producto de la concupisdentia irresistibilis aberrante. "

martes, noviembre 27, 2007

El origen de la obra de arte según Louis Cattiaux


“El arte es mágico o no es.”
El origen del arte no es el resultado de una necesidad estética, como generalmente se cree, sino de una necesidad de dominación mágica.
En su origen, la propia música, el canto y la danza fueron los soportes del pensamiento mágico, que se concilia con el mundo hostil o lo domina.
Así, todas las artes tienen su origen en la primera obligación del hombre encarnado: la de defenderse en los tres planos del mundo creado. Sólo después de acabado el rito se ha podido tomar conciencia de la gratuidad del arte por el juego de formas, sonidos, colores y movimientos, y elevar su magia hasta intentar comulgar, por medio de ella, con la gran alma del mundo a la que los hombres llaman Dios.
Entonces diremos que la magia particular se ha elevado hasta la magia general y que el arte es el conducto que nos comunica con lo Universal. Cuando eso se produce es arte, cuando no se produce no es nada. Por lo tanto, la obra de arte es una creación mágica y, al igual que la procreación, exige, para dar existencia al Ser, una carga psíquica producida por el espasmo de amor. Por eso hay tan pocos hombres y tan pocas obras vivas en este mundo, pues la proyección mágica es un acto difícil por encima de todo, como el de la transmisión integral de la vida; y pocos seres son capaces de realizar ese misterio de la transfusión energética del “voltio”.
Los hijos del amor, más vivaces y más hermosos que los demás, son los que han sido engendrados en el entusiasmo y en la pasión amorosa; si consideramos la humanidad media y la generalidad de las obras, tendremos la prueba de que todo lo que se hace en el aburrimiento y la mediocridad engendra la muerte. Sólo los artistas generosamente dotados cargan de manera inconsciente sus obras que, acto seguido y sin explicación razonable, hechizan a ciertos espectadores, más sensibles y receptivos que el común de los hombres.
Así pues, tanto los humanos como las obras de arte que han nacido muertos pululan naturalmente por el mundo, gracias al aliento dado a la debilidad y a la muerte, siempre en aumento desde la caída inicial.
Esas creaciones fantasmales sólo tienen apariencia de vida, sin poseer su esencia, pero, tal como decía el maestro antiguo: “Hay que dejar a los muertos que entierren a sus muertos”, pues lo absurdo de la muerte es lo único capaz de hacer que nos repugne verdaderamente.La vida sólo se transmite haciendo el amor, sea procreando, obrando o rezando, y allí donde no se hace el amor, sólo hay una caricatura de vida, aburrimiento y muerte.Las recientes reacciones de sorpresa que han provocado las exposiciones de obras realizadas por niños, ingenuos, primitivos o locos, muestran con suficiente claridad los orígenes misteriosos y mágicos del arte.
Nuestra actitud materialista, que nos lleva a no considerar más que las apariencias del mundo, hace que exageremos hasta el absurdo la angustia del cambio y la renovación de todas las cosas. Y tomamos por un fin lo que, sin duda, sólo es un comienzo. Esa actitud de los filósofos cartesianos, cegados por la apariencia exterior del mundo, engendra el escepticismo, la desesperación y la disolución de las sociedades modernas que han renegado de su fe antigua que, aparentemente, se ha vuelto demasiado simplista e infantil.
El estudio irracional de las antiguas creencias probablemente nos conduciría a constatar nuestra grosera ignorancia acerca de los problemas que conciernen a la vida y a la muerte.La orgullosa creencia en nuestra supuesta civilización y en nuestra pseudo-ciencia, nos impide, por desgracia, considerar el misterio de la creación a partir de la simplicidad primera, donde el instinto unido a la intuición reemplazarían brillantemente nuestra rastrera razón razonadora. Pues “sólo el que penetra hasta la raíz conoce todos los frutos del árbol”.


Louis Cattiaux, Física y metafísica de la pintura. Obra poética, Tarragona, 1998.

viernes, noviembre 16, 2007

“Reflexiones visuales”. La luz de la gracia y la luz de la naturaleza


Oswald Croll, Basilica Chymica. Frontispicio. La Basilica Chymica de Oswald Croll (ca.1560-1608) es uno de los documentos más valiosos e influyentes en la historia del paracelsianismo. Fue traducida a casi todas los lenguas europeas. En esta obra fue recogida la filosofía completa de Paracelso en un leguaje inteligible por primera vez. En su frontispicio aparecen representadas las dos luces que según Paracelso son, “el sumum de las verdades teológicas y filosóficas”, la luz de la gracia, Lumines gratia, que aparece en la parte superior del grabado y la luz de la naturaleza, Lumines natura, que aparece en la inferior.
Véase: ARSGRAVIS

miércoles, noviembre 15, 2006

Origen Hermético del Tarot de Mantegna














[Presentamos unas reflexiones sobre el origen hermético del Tarot que, aún siendo poco comprobables históricamente, no dejan de ser interesantes. Se trata de un texto de Adam McLean publicado en el "Hermetic Journal" en 1983].
[Imágenes de la primera serie del Tarot de Mantegna]

En la tradición esotérica occidental está aceptado que las imágenes de las cartas del Tarot derivan de la Cábala judía. Esta opinión se origina a mediados del siglo XIX en los centros ocultistas franceses y fue desarrollada por Eliphas Levi y más tarde fue desarrollada por Westcott, Mathers y Waite en las enseñanzas de la Orden Hermética de la Golden Dawn de la cual deriva la tradición esotérica del siglo XX.
Otros ocultistas han tratado de relacionar las imágenes del tarot con la iconografía del antiguo Egipto, y sugieren que los judíos recibieron esta información durante su estancia en Egipto. Esta relación, se justifica en parte por el hecho de que los 22 arcanos mayores del tarot se relacionan con las 22 letras del alfabeto hebreo, que a su vez subyacen en el corazón del Cábala.
Sin embargo deberíamos detenernos a considerar las implicaciones del primer mazo de tarot conocido, el Tarot de Mantegna, que data de 1465, por tanto contemporáneo del de Visconti-Sforza, que fue durante el siglo XIX considerado el primer Tarot. Actualmente se considera el Tarot de Mantegna previo al de Visconti-Sforza).
Algunos han atribuido este Tarot a Andreas Mantegna (1431-1506), pintor y grabador de la escuela de Padua, aunque las imágenes parecen pertenecer a la escuela de Ferrara.
Kenneth Clark, historiador del Arte del Renacimiento las atribuye a Parrasio Michele, maestro de la escuela de Ferrara.
El Tarot de Mantegna consta de 50 cartas, divididas en cinco décadas:
1. Arquetipos sociales
2. Las 9 musas y Apolo
3. Las Artes Liberales
4. Las Virtudes Cardinales
5. Las Esferas del Cielo
El simbolismo de estas cartas, más bien podríamos decir "figuras emblemáticas", parece ser que derivan de la tradición hermética, que ahora se reconoce que resurgió durante el Renacimiento italiano de mitad del siglo XV. Fue en este periodo cuando aparecieron las Academias Platónicas de los Médici y Ficino y otros maestros tradujeron los textos del "Corpus Hermeticum”. Esta reconstrucción del esoterismo hermético y del neoplatonismo se refleja en las ideas de las Musas, las Artes Liberales, Las Virtudes Cardinales y las Esferas del Cielo, y por tanto debe considerarse el Tarot de Mantegna como un libro emblemático del conocimiento hermético de la época.
En este Tarot encontramos las esferas cósmicas en la quinta década que representan el macrocosmos y la primera década es una reflexión del microcosmos, mientras que entre estas dos polaridades se encuentran Las Musas, Las Artes Liberales y Las Virtudes Cardinales, los canales a través de los cuales, las experiencias del alma (los poderes de los arquetipos) muestran sus sentimientos, pensamientos y desarrollan sus dones espirituales, imaginativos e intelectuales. Esto refleja el ideal del Renacimiento propuesto por las Académicas neoplatónicas, que fueron fuente de inspiración para artistas, escritores y músicos y que transformaron nuestras restrictivas formas sociales del periodo medieval y dieron un impulsos de de libertad y conocimiento espiritual a la humanidad.
Está pues claro que este Tarot se inspira en las corrientes neoplatónicas y herméticas de su tiempo. Sus diseños muestran dichas ideas de y han servido de arquetipos para otros posteriores tarots más conocidos. Las actuales 22 cartas del Tarot, están representadas en las 50 del Tarot de Mantegna, por tanto podemos considerar que el origen de las actuales cartas del Tarot fue un resurgimiento de las ideas herméticas del Renacimiento en vez de una representación de la Cábala judía.